Alimentarnos del desorden

¿Te has preguntado alguna vez qué hace que en una sociedad con sobreabundancia de comida, aparezcan desórdenes alimenticios como la anorexia o la bulimia?

El 30 de noviembre se celebra el día internacional de los trastornos alimentarios y es por este motivo que esta semana te voy a contar mi experiencia, trabajando con personas con este desequilibrio de la conducta alimentaria.

En el transcurso de casi 20 años de trabajo me he encontrado con personas que han vivido el embarazo de sus madres, su propio embarazo, y una infancia, basados en los patrones de perfección de otras personas.

He visto muchos casos de separaciones traumáticas, en los que la persona necesitaba ser perfecta para ambos padres. También madres que mal-trataban física o emocionalmente; padres ausentes, bien por trabajo o por circunstancias de alcoholismo o por abandono, exceso de protección, madres maltratadas, nacimientos por cesárea, o partos muy medicalizados, etc.

Aún cuando parecen muchas causas diferentes, cuando indagamos en las sesiones sin expectativa o juicio, lo que encontramos en común es, cumplir las expectativas de perfección de otro u otra, o sea ser perfecto para papá o para mamá, o para ambos, junto con la exigencia de alguno de ellos, tanto a nivel físico como intelectual o moral.

Realmente es imposible ser perfecto para cualquier otra persona, nos podemos acercar a sus deseos o expectativas, nunca cumplirlas exactamente.

Te puedo contar un caso real que aporta algunas claves importantes.

La mayor parte de la historia empieza en el embarazo. La mamá vivió intensos momentos de angustia y miedo, al ser amenazada continuamente de perder el cariño de su marido por estar “tan gorda”. Se esperaba que fuera un niño varón para cumplir las expectativas de papá y así tener un aliado en su trabajo, sin embargo fue niña. Durante la infancia, su cuerpo empezó a engordar y tanto en casa como en el colegio, empezó a ser objeto de comparaciones que minaban su autoestima. Ante la imposibilidad de manejar su cuerpo, trató de ”ser magnífica estudiante” para agradar al entorno, así se aseguró la nutrición emocional que necesitaba. Optó por una carrera profesional donde pudiera apoyar a papá, encontrando la aprobación y el apoyo que buscaba de manera inconsciente, puesto que durante el embarazo mamá estaba gorda, además como niña nunca iba a complacerlo lo suficiente.

alejandroescamilla-tenedoresAl perder el trabajo, que era la única forma de “demostrar su valor”, su cuerpo se convierte en un enemigo y necesita ser reducido a la mínima expresión, empezar a adelgazar para ser perfecta.

La nutrición se convierte en un asunto que hace peligrar el amor e incluso la vida, porque ha sido el cuerpo el que ha recibido la información de que la comida, la angustia y el miedo de perder a quien más quieres van juntos. Además la experiencia de la comparación, donde la sensación de ser inadecuada o incorrecta, junto con el desconocimiento de sus necesidades, hace que la búsqueda de perfección sea casi obsesiva.

Una clave muy importante para empezar a recuperar el equilibrio es ponerse en contacto con las verdaderas necesidades y a partir de ahí conectar los alimentos con la satisfacción de nutrirse, abrirse a recibir nutrición emocional incluso cuando es menos que perfecta, poner el foco principalmente en cubrir esas necesidades desde la visión de ser un ser humano único, dejar de mirar hacia afuera y empezar a mirase con el corazón. Dejar de demostrar para empezar a disfrutar. Buscar ayuda para encontrar la motivación y dejar de esforzarse.

Con la Kinesiología y una comunicación empática podemos hacer grandes avances con este tipo de desequilibrios, donde la persona va tomando conciencia de cuáles son las experiencias y las percepciones de las mismas, que la han llevado al lugar donde se encuentra. Y encontrar soluciones específicas para cada persona, que re-establezcan el equilibrio de su Vida, su autoestima y sus sistemas de percepción.